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Se calcula que se producen al año unas 100 millones de toneladas de plásticos y gran parte de ellos acaban en los mares y los océanos formando el 80% de la basura marina. El problema no solo es que contaminan el medio ambiente, sino que además, pueden tener un efecto nocivo sobre nuestra salud.

En nuestro Mar Mediterráneo hay una densidad de plásticos comparable a las zonas de máxima acumulación: una pieza por cada 4m2. Esto está afectando a muchas especies marinas como cetáceos, peces, aves o tiburones, que quedan atrapados en los resiudos o pueden ingerir el plástico hasta causarles la muerte.

Y ¿cómo llegan estos envases al mar? Generalmente por una deficiente gestión de residuos, en muchos países no existe directamente y en otros no es operativa o no la empleamos correctamente.

La mayoría de los cosméticos convencionales (no ecológicos) emplean, para dar un olor agradable a sus formulaciones, perfumes. Estos perfumes son mezclas complejas de más de 100 sustancias olorosas a las que acompaña el fijador de perfume: ftalato. Estos mismos ftalatos, como el bisfenol A se emplean también para dar elasticidad al plástico.

Los ftalatos son disruptores endocrinos, esto quiere decir que interfieren en nuestro correcto comportamiento hormonal y pueden causar daños a nivel pulmonar, en el desarrollo genital, alteraciones del comportamiento o cáncer de mama. Los restos de estos cosméticos también van a par a nuestros ríos y provocan cambios hormonales en los peces.

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